HERIDOS, PERO NO MUERTOS

HERIDOS, PERO NO MUERTOS

La primera secuencia del rodaje era nocturna. Mientras cenábamos María, la ayudante de  producción nos trajo una noticia: Había un hombre herido tras caerse el techo de la casa donde íbamos a rodar al día siguiente. Evidentemente ese barrio estaba vivo. Las casas hablaban cayéndose encima de las personas. No había muertos, solo heridos. Eran reivindicativas, pero no asesinas. El azar quiso que el techo no cayera al día siguiente con todo nuestro equipo dentro. Se adueñó de nosotros un extraño sosiego, un bienestar que hizo mover nuestros culos en el asiento y seguir hincando el diente a los bocatas llenos de mezcla de La Pascuala.

Era una casa que estaba esperando un permiso de obra. Pero este tipo de licencias parece ser que no las dan desde hace tiempo -dijo María. Acabábamos de descubrir que íbamos a grabar una historia sobre la que ignorábamos los detalles y cualquier cosa podría ocurrir. En la mesa de al lado había un mujer con su marido y un niño pequeño. El niño estaba contento lamiendo un helado. Como todos los viernes habían salido a cenar al bar de abajo y el momento más feliz de aquel niño era cuando se ponía delante del panel de helados y pensaba que tenía la posibilidad de elegir uno de entre todos.

Nosotros también  tuvimos la posibilidad de elegir muchos lugares donde rodar y nos decidimos por un barrio en el que las casas iban dejando rastros como boquetes, en el que los vecinos salían a la calle a calentarse al sol y en el que la gente sólo estaba herida, no muerta. Tendríamos que cruzarnos en el camino con muchas más experiencias excitantes antes de poder conocer el desenlace de esta historia. Lo que no sabíamos el primer día de rodaje era que, una vez más, la realidad iba a superar a la ficción.

Leave a Reply

Your email address will not be published.