DEJARSE IR

DEJARSE IR

“Si quieres autoafirmarte, hazlo en la cama, en un bar o en política, pero no en un set de rodaje”. Esto lo dijo el director de fotografía Christopher Doyle. Una empieza sin nada para encontrar lo que hay dentro. Yo he seguido el rastro de la mayoría de directores asiáticos con los que Doyle suele trabajar,  y lo que hacen es “encontrar la película”, encuentran el sentido en lugar de tenerlo determinado, encuentran la película en lugar de construirla. Y eso es lo que hemos hecho nosotros. Cuando llegábamos al barrio, cada escena conectaba con la siguiente. Teníamos el espacio y colocábamos a los actores en ese espacio para averiguar qué harían en él. Así que, encontrar la localización que te diga algo, encontrar un estado de la mente, encontrar los colores que sugieren un cierto ánimo, era básico para nuestro acercamiento a esta película. Estoy muy orgullosa de cómo se siente el barrio del Cabanyal en esta película.  Y sólo puede ocurrir una cosa, que acabes amándolo.

Los actores no tenían guión y tratábamos de introducir el componente humano en el movimiento de la cámara, hacer el encuadre totalmente intuitivo y dejar que la interacción entre la cámara y los actores fuera orgánica. Esto requería por parte de los actores y del operador de cámara un esfuerzo muy grande y todos han sido muy flexibles a lo inesperado. Los actores han sabido utilizar sus gestos, provocar el brote de unas lágrimas en sus ojos, o simplemente compartir con  la cámara su quietud en un espacio hostil y desangelado. Nunca han estado perdidos por un inesperado cambio en el clima o porque otro actor reaccionara de otra manera a lo esperado. Nadie esperaba nada. Entendieron que tenían que adaptarse a lo que era esencial. Las intenciones, ideas o emociones de cada uno han ido conformando el estilo de esta película. Se trata de reaccionar ante lo que tienes delante. ¿Y no es eso en lo que consiste la vida? En ese sentido, mis actores Silvia Valero, Ángel Figols, Mercé Tienda o Peter Pardo  y mi reducido equipo técnico dirigido por Sancho Ortiz de Lejarazu, han sido excelentes. Han entendido que uno debe esculpir la luz, o la piedra, o el intelecto, para encontrar lo que es esencial en una idea, en un trozo de piedra o en una película como hicieron Tarkovski o Giacometti.

Creo que hacer cine, a veces no es una cuestión de guión, de técnica o de la historia que se quiera contar, sino de personas y de comunicación. Todo el equipo se apuntó a un desafío, el de encontrar una película que no existía en el Cabanyal, un viaje totalmente inseguro cuyo punto de partida era la liberación, la identidad, el atrevimiento y la responsabilidad.

Con el deseo de autoafirmarme en el bar o en la cama, nunca en política, con Christopher Doyle, que ha encontrado tantas películas junto a Wong Kar-wai, Gus van Sant, Jim Jarmusch, Phillip Noyce, Zhang Yimou, o Pen-ek Ratanaruang, me abrazo a su forma de ver el cine cuando dice que “Rodar es encontrar la manera de ser intuitivo y dejarse ir”. El sexo también.

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